Visto que al calendario de carreras no se le ven posibilidades reales de consolidación durante los próximos meses.
Visto que tampoco parece muy responsable lo de hacer convocatorias públicas para entrenamientos en grupo, aunque como parece que el tema está un poquino mejor que hace unas semanas, se podría plantear el volver a quedar el grupino de antes de Navidad.
Teniendo uno ganas de enredar y fijarse algún tipo de reto que altere el rutinario entrenamiento diario durante los próximos meses.
Como Secretario del Club Jaramugos y Jumentos, en el uso de mis atribuciones,
RESUELVO
Primero. Aprobar un nuevo tipo de jaramugada consistente en elegir un puerto de montaña y proceder a su ascensión una vez en bici, otra corriendo.
Segundo. Denominarlo Jano en recuerdo al rostro bifronte del dios de la mitología romana.
En mi caso siempre subiré primero en bici y después corriendo porque se me da bastante mejor patear que pedalear, sobre todo si voy tostado; también porque no dispongo del tiempo que exige este deporte para funcionar como se debe y se puede.
Decidí empezar por uno de los más asequibles, el puerto de Casares de Hurdes, que no sé cómo se llamará en realidad. Poco que contar, subida en bici sin problemas y ascensión a pie, alternando carretera y camino, según Dios (Jano, se entiende) me daba a entender. Paisaje y tiempo excepcional para completar un entrenamiento, que aun sin grandes tormentos, me dejó suave. A repetir.
Y como hoy se trataba de un espléndido domingo de Carnaval, aunque sea yo más afrancesado que auténtico farinato de RH reconocido, tocó reponer con huevos con farinato.
No se trata de relatar sino de destilar. Inmanente a la esencia del reto es el fracaso, el temor al fracaso. Sobre esa tensión se construye la resistencia. Está la distancia, está el tiempo y estás tú, sumergido en soledad. Una apuesta: 42 kilómetros de media montaña en diciembre. No cabe engañarse, no cuando solo se escucha el íntimo murmullo de corazón y pulmones. La larga distancia no es más que soledad y diálogo interior desplegados durante algo más de cuatro horas y media. Soledad en la que valerse de armas cinceladas durante muchos años, en la que interpelar a cuerpo, mente y espíritu, en la que confirmar o desmentir temores, proyecciones y esperanzas Los kilómetros se suceden, el tiempo transcurre y la tensión cede a mejor o peor. La puesta en común, el reconocerse en el sentir del otro, el compartir es una variante que en principio se antojaría accesoria, que siendo ajena al propio hecho de la lucha individual, se transforma en determinante. Su explicación se escapa pero se constata un día más convertido en una gran mañana de invierno. La experiencia compartida como verdadera experiencia. Pasen estos tiempos raros y cedan a la que se prevé cegadora luz de los días en que volvamos a reconocernos y celebrar juntos las montañas.
Ultraman. Prueba deportiva que algo tiene
pero no es triatlón. Se desarrolla durante tres días conforme al siguiente esquema, disponiendo de 12 días
horas cada día para completar la prueba: Día 1: 10 kms de natación y 145 de
ciclismo. Día 2: 274 kms de bicicleta. Día 3: 84 kms de carrera a pie. Hay que
situarse en un contexto extraño al profano donde el prefijo (ultra-,iron-) o el
complemento (extrem, limit) define el prestigio de una prueba y del chalado que
la completa, el finisher en la jerga.
Jaramugada: Competir por competir, pero
disfrutando en la superación. Cuanto más lejos y mayor dureza, mejor. No hay
dolor. Semper finisher. A la gloria atravesando la adversidad. Puede equivaler
en ocasiones a machada muchas veces gestada en la orilla del río entre amigos
mientras suena Cash. Si no hay prueba a la que acudir, se inventa".
(Definición de "Jaramugada" por el Doctor David Diego)
Crisis
de los 50:
Hay unos síntomas psicológicos asociados a esta crisis; como pueden ser
principalmente los de depresión, alteraciones emocionales, irritabilidad más
frecuente que de costumbre y una pérdida de la autoestima.
Durante mis tiempos salvajes, empezaba a sonar aquello
del ultraman, aunque no recuerdo que
ya se organizaran pruebas en España. La cosa tentaba pero parecía mucho pan pa
la perrina, hasta cuando casi nada nos parecía inalcanzable.
Varios años después abandoné el deporte por
completo, me dediqué a estudiar a lo bruto –todo a muerte-, hasta que un día
advertí algo extraño, algo que podría definir como perder el control de mi
cuerpo. Acostumbrado a lesiones o secuelas del ejercicio físico, detecté otro
tipo de taras que me parecían más peligrosas e inexplicables, fruto de la simple
inactividad. Entonces lo asociaba a la afirmación de Damasio, vía Spinoza, de la
mente como idea del cuerpo, como función de las representaciones cerebrales del
cuerpo. No mucho pero en algo se relacionaba con cómo veía yo aquel asunto; y es que
algo echaba en falta, y es que aquello
no iba bien.
A cuenta de ello, de un par de años a esta parte
regresé al redil del deporte cotidiano, sin grandes volúmenes, pero constante. Conozco muy bien mi cuerpo y
después de meses de entrenamiento cruzado (natación, ciclismo, carrera) este
verano no me vi lejos de dónde lo había dejado, me sentí fuerte y me apetecía
probarme. Entonces decidí volver a competir en al menos un par de carreras de
gran exigencia al año (En 2019 Medio Ironman de Salamanca y Desafío Doñana)
para también seguir una preparación previa que me estimulara y me exigiera
afinar.
Ahora me apetecía competir aún más, pero este año no
hay carreras, así que volví a la idea de aquellas locas jaramugadas que hilábamos
entre cervezas en tiempos. Ahora que bebo poca cerveza volvió la idea del ultraman.
Evidentemente, si no me consideraba preparado en mi mejor época física, menos
me iba a atrever ahora (para afrontar un reto de ese tipo con garantías hay que
andar más suelto en la vida, con menos obligaciones: el buey solo...) así que pensé en un medio
ultraman: 5 kms de natación y 75 de ciclismo el primer día, 140 kms de ciclismo
el segundo, el maratón (42 k ms.), el tercero. Lo que viene siendo un ultraman
para flojos.
A todo ello se unió mi reciente cincuenta cumpleaños que casi
me invitaba valorar qué estaba perdiendo sumando años. Un reto algo patético y
pueril, lo reconozco, pero factor ineludible, soy sincero.
Durante pandemias no caben convocatorias para hacer
alguna parte en compañía, con la gran ayuda que implica ese estímulo, solo
comprensible para miembros de la parroquia, así que tocaba afrontar el reto en
soledad, lo que también constituía un obstáculo-estímulo añadido, para qué nos
vamos a engañar. Tocaba lidiar con la larga distancia como mandan los cánones, desde ese diálogo interior que busca tantas veces infructuosamente, razones
en el abismo del agotamiento.
Desde que comencé los 5 kilómetros de
natación (200 largos) albergaba la duda de si no tendría problemas para
completar el primer escalón del reto para casi abandonar antes de comenzar.
Había hecho entrenos de 3 kilómetros pero no había ido más allá, y lo cierto es
que la distancia solo la había completado una vez en mi vida, en una travesía
en el Pisuerga. Pero el neopreno que habría utilizado en el río (hubiera sido
lo suyo, pero por varias razones no acabó de cuadrar la aventura en el final
del verano) fue mano de santo. Pasados los 100, mentalmente todo fue restar y
animarse. (2 horas y 11 minutos)
Los 75 de bici se me atragantaron al
final por el aire en contra de vuelta y porque venía más tostado de lo que yo
pensaba (28 de media), pero seguíamos en carrera. Ahora se trataba de comer y
descansar para el día siguiente.
El domingo los 140 kms de bici los
completé camino de Salamanca, con bastante suerte con el aire, con buena mañana
pero acabando con el culo pelao de tanto rodar. En los recorridos llanos vas
más rápido pero yo tengo querencia por las carreteras de monte (27,5 de media).
Sí me noté algo cansado al principio –tal vez solo fuera predisposición
mental-, pero me animé al girar, aunque también llegué con la reserva y con esa mala cara que cada día confirmaba para su espanto mi santa al volver a casa.
Quedaba el maratón, sí notaba el cuerpo
cansado, lo suyo hubiera sido elegir un asequible perfil plano de asfalto pero decidí tirar
hacia Fuenteguinaldo por la cañada, con lo que prácticamente vas ascendiendo desde
casa por un recorrido precioso. Sí he tenido la impresión de que gasté más energía de la cuenta con tanta
cuesta y con tanto aire en contra, aunque hay que reconocer que el vendaval de
culo bien que se agradeció de regreso, llegando a casa con todo el cuerpo dolorido, jodido pero contento, como en los viejos
tiempos (4 horas y ocho minutos). Y hoy mejor recuperado de lo esperado.
Objetivo cumplido, gratamente
sorprendido de casi poder hacer lo mismo que antaño, pensando en retos
inventados y en alguna carrera oficial cinco estrellas, de las que lucen en el curriculum. Valoraremos cuando acabe
la pesadilla.
En alguna ocasión escribí sobre qué mal
llevaríamos el declive físico los que gustábamos de estas locas aficiones. Bien, parece
ser que aún no es la hora. No sé por cuánto tiempo, pero sigo manteniendo el
control, decido qué quiero hacer, lo hago, no pudiendo estar más que
agradecido por este sorprendente e inmerecido privilegio.
Bien, se trata solo de disfrutar, la
única respuesta es la acción, la única respuesta en la vida es la voluntad,
sea corriendo, estudiando o redactando pliegos de contratación.
Disfrutar, solo respirar.
Ya lo decía Virgilio: Vires Acquirit
Eundo (La fuerza se adquiere avanzando).
No hay más.
Y mira que se me olvidaba, como en los viejos tiempos, el grito de guerra: "¡¡¡YO SOY ESPARTACO!!!"
Una cita prevista para principios de octubre que finalmente quedó aparcada por falta de asistencia Ayer la asistencia fue escasa pero bastó. Si buscas las razones para entender por qué te gusta el fondo, un entrenamiento como el de ayer disipará dudas. Disfruté enormemente del silencio de seis horas de lucha conmigo mismo durante una espléndida mañana de verano en un lugar tan especial para mí. Tal vez influya la peligrosa influencia de Tesson de cuyo libro ya contaré algo. La idea era, partiendo de La Peña de Francia, acometer el descenso y ascenso de los cuatro caminos que llevan a la cima: Maíllo, Monsagro, Casarito y El Cabaco, lo que el Ciego Sabino bautizó como "Estrella de Simón Vela".
Debido a una rebelde lesión en el biceps femoral latente desde abril y que cada vez que decido ponerme algo serio, amenaza con volver, apenas tengo entrenamientos de carrera en general y de monte en particular. El objetivo era completar la aventura e intentar hacer un buen entrenamiento de fondo y montaña cara a la gran aventura del año, el Anillo Vindio de Picos de Europa a finales de agosto. Teniendo en cuenta mi preparación y mi propósito, marqué un guion del que no me aparté en ningún momento: bajar trotando, subir andando ligero, rápido.
Todo salió perfecto, ayudado de forma importante por el hecho de que durante toda la mañana, nunca hizo un calor excesivo. Balance positivo, especialmente la concentración durante todo el reto, tratando de mantener velocidades constantes hasta el final. Evidentemente he acabado muy cansado y dolorido pero no hubo disminución relevante de ritmo. Mentalmente iba preparado para afrontar la última subida "apajarado" y tratar de mantener la calma pero la situación no llegó. Salí a las ocho de la mañana en punto y tardé 5 horas y 58 minutos. Sí hubo calentón final por el pique conmigo mismo al tratar de hacer menos de seis horas, que me llevó al límite en el último y duro tramo, lo que tampoco es mala señal.
El recorrido se puede hacer en bastante menos tiempo si se baja corriendo de verdad y se hacen un par de subidas corriendo aunque para ello hay que ir entrenado, sobre todo para soportar el peligroso terreno que restaría a partir de ahí, y que si no sabes gestionar con cabeza, te podría llevar al desfallecimiento y abandonar la aventura. Ya se sabe cómo va esto: si arriesgas, te puedes estrellar.
Aunque no los registré, os dejo los tiempos aproximados para cada camino -solo dudo en uno-. Sí os comento que apenas he perdido tiempo en nada que no fuera cargar agua y poco más. Una foto antes de comenzar, otra al terminar.
EL MAÍLLO (Hasta la pista): Descenso 32´ Ascenso 44´
MONSAGRO (Hasta la casa) Descenso 42 ´Ascenso 55´
CASARITO (Fuente): Descenso 32´ Ascenso 50´ (Con desvío a Simón Vela a cargar)
EL CABACO (Zona llana de cercados): Descenso 35´ Ascenso 53´
*Combustible: una barrita de chocolate, cuatro gominolas (gordas), cuatro galletas, cuatro orejones y alrededor de dos litros de agua.